Un Metropolitano con otra gestión en Lima
Por Eduardo Zegarra, coordinador de programa de Fuerza Social
Una ciudad de 8.5 millones de habitantes como Lima debería tener un
sistema de transporte basado en el respecto irrestricto a los peatones;
guiado por políticas integrales y procesos de planificación del
desarrollo de infraestructura para diversos espacios y medios de
movilización. En un sistema civilizado se le dá prioridad al transporte
público seguro, eficiente y económicamente sostenible y la autoridad
ejerce una fuerte capacidad de regulación y sanción en el cumplimiento
de las normas. Es crucial que la población tenga alta conciencia vial y
que el gobierno de la ciudad promueva una gestión transparente, con
recursos adecuados y métodos modernos de gestión pública.
El
actual esquema de “transporte” en Lima no cumple con ninguno de estos
criterios. No hay respeto a los peatones ni en el diseño ni en la
gestión de infraestructura y menos en la regulación del tránsito; no
existe política integral conocida para Lima, ni planificación de los
necesarios procesos de modernización (no solo de la infraestructura);
no se le otorga prioridad alguna al transporte público y seguimos
promoviendo la proliferación de miles de taxis sin mayor control. Las
autoridades no regulan ni sancionan a los malos transportistas en forma
eficaz o para promover mejores prácticas sino para recaudar más plata
que no sabemos en qué se invierte. La población tiene casi nula
conciencia vial y el municipio maneja los temas del transporte en forma
inorgánica y desarticulada, con entes autónomos que no rinden cuentas
ni al Consejo Metropolitano ni a la ciudadanía.
Las
consecuencias de este total desgobierno del transporte en Lima son
terribles para la población. Los costos van desde cientos de vidas
humanas perdidas y miles de personas discapacitadas por accidentes; a
una altísima contaminación ambiental por emisiones, hasta las enormes
pérdidas de tiempo y recursos en el traslado de la gente y los no menos
graves problemas sociales y psicológicos para una población que debe
enfrentar diariamente los estragos de un sistema caótico, brutal e
inhumano.
La actual gestión del alcalde Luis Castañeda ha puesto casi todo su esfuerzo en la construcción del Corredor Segregado llamado Metropolitano. El proyecto fue inicialmente planteado en la gestión de Alberto Andrade y rechazado por Castañeda como candidato y luego como alcalde, aunque finalmente decidió retomarlo y ponerlo en práctica. Se estima que este nuevo sistema podría mejorar el transporte a entre 15 y 20% de la población , es decir para sólo 2 de cada 10 limeños, y nunca ha quedado muy claro qué plantea el alcalde para los otros 8 que restan.
El proyecto Metropolitano ha tenido una
serie de problemas que es necesario evaluar en profundidad: (i) de un
presupuesto inicial de 400 millones de soles, terminaría costando más
de 1,000 millones; (ii) no ha tenido mecanismos transparentes de
consulta y negociación con población afectada por las obras generando
serios conflictos no resueltos hasta ahora (Barranco, San Marcos,
Comas); (iii) no está claro si los estudios técnicos que lo sustentaron
hace cinco años se han actualizado, con una ciudad que ha crecido mucho
y cuyo transporte ha sufrido importante mutaciones con la proliferación
de taxis a gas comprados con subsidio, por ejemplo; (iv) no hay
claridad en la articulación del proyecto con el resto del caótico
sistema, especialmente cómo funcionarán los mecanismos de alimentación,
la nueva estructura empresarial y las tarifas que se piensa aplicar.
No
obstante estos problemas, creo que el proyecto también tiene potencial
y puede ser una fuente de esperanza para enfrentar los problemas del
transporte en Lima. La inauguración del Metropolitano debería ser una
excelente noticia para los limeños este 2010, pero deberá ser
gestionado con inteligencia, capacidad y una visión de largo plazo para
el transporte de la ciudad. Es importante que el transporte sea
gestionado en forma orgánica y transparente por el Municipio y los
proyectos (las “obras”) se articulen con otros esfuerzos y medidas que
apunten a resolver los otros graves temas de la agenda. Creo que todo
esto requiere una visión más amplia que la que hemos venido recibiendo
a cuentagotas de nuestro lacónico alcalde, cuya lógica de “hacer obras”
parece alimentarse más de la búsqueda de votos que de soluciones
integrales a tan importante problema. Por esto, y muchos otros motivos,
apuesto por un cambio profundo de gestión para que el Metropolitano sea
parte de la solución, y por esto promuevo la candidatura de Susana
Villarán a la alcaldía metropolitana.