Nuestra visión para Lima: Buen gobierno y vida digna para todos
Por Eduardo Zegarra, coordinador de la Comisión Nacional de Programa
La ciudad de Lima alberga a uno de cada tres peruanos y peruanas, y es hoy un espacio lleno de oportunidades sociales y económicas, pero también de enormes desafíos de gestión. Para el Partido Descentralista Fuerza Social el reto de llegar al municipio tiene sentido en la medida que buscamos encarar seriamente el grave problema de gobernabilidad que enfrenta nuestra ciudad.
Partimos de la constatación que los
habitantes de Lima no tenemos un sistema de gobierno adecuado, que
refleje los múltiples intereses sociales y económicos, y atienda las
graves carencias de la mayor parte de la población. La gestión
municipal tradicional se ha orientado a atender preferentemente algunos
aspectos de más visibles la vida urbana como la infraestructura vial y
la provisión de algunos servicios como limpieza y ornato. Una buena
parte de los problemas más graves de la población como la inseguridad,
la carencia de viviendas y espacios comunes, la pobreza, el deterioro
ambiental y el caos en los servicios de transporte, no son encarados en
forma coherente y oportuna, ni por una autoridad municipal demasiado
débil, ni por un gobierno central que interfiere y muchas veces se
superpone a la autoridad metropolitana.
Los programas sociales
en Lima, por ejemplo no tienen un enfoque integrado y no hay datos
fiables sobre nivel de gasto y eficiencia de gestión. Los servicios de
agua y desagüe, que son proveídos por una empresa del gobierno central
(SEDAPAL), no le interesan al municipio limeño que ha decidido
abstenerse de participar. El sistema vial de la ciudad es administrado
sólo parcialmente por la municipalidad y los distritos, pero con alta
interferencia del nivel central que también busca visibilidad en las
obras. La seguridad ciudadana, proveída en forma limitada por la
policía nacional, ha llevado a que los distritos ofrezcan servicios de
serenazgo de desigual efectividad, sin mayor coordinación y
articulación. En conjunto, los limeños recibimos servicios
desarticulados y de baja calidad, provistos por diversas entidades y
niveles de gobierno que se superponen y muchas veces se anulan entre
sí.
Los limeños y limeñas no tenemos tampoco una clara
representación política que defienda y promueva nuestros intereses en
forma integral y coherente. Los congresistas elegidos por Lima no
representan a pobladores de distritos o zonas específicas de la ciudad,
y tienden a ejercer una representación más genérica. Igualmente, el
espacio del Consejo Municipal es prácticamente inocuo tanto a nivel
metropolitano como distrital, proceso que se ha ido profundizando con
estilos de gestión y forma de gobernar personalistas y cada vez menos
democráticas. Todo esto tiende a afectar mucho más a los más pobres,
que tienen menos posibilidades de encontrar soluciones privadas a sus
problemas en una urbe donde lo público es casi tierra de nadie. Son
ellos los que más sufren por la falta de servicios y bienes públicos de
calidad y articulados a políticas coherentes.
El gobierno
central está interesado en fortalecer este modelo de limitada
representación en el ámbito metropolitano en la medida que así también
evita cualquier competencia adicional para ejercer poder. La
descentralización, es muchas veces usada como un discurso útil para
evitar reconocerle a la ciudad de Lima sus espacios de poder autónomo,
en la medida que se presupone (erróneamente) que Lima está más que bien
representada por el propio nivel central en las decisiones que le
competen. Lo cierto es que la población de Lima está subrepresentada y
disminuida para enfrentar sus propios problemas con autonomía y
capacidades propias.
Es en este contexto que, desde Fuerza Social, sustentamos una propuesta de cambios profundos y de largo plazo para Lima, cuyo objetivo central es mejorar la calidad de vida de los limeños y limeñas en los próximos 20 años. El tema central que planteamos es el institucional: es preciso generar un nuevo marco para la gestión de la ciudad que le reconozca capacidad de gestionar sus propias decisiones, recursos y capacidades. Es vital que la ciudad asuma a plenitud algunas de las funciones críticas de gobierno, reconocidas parcialmente en el “régimen especial” otorgado a Lima Metropolitana dentro del proceso de descentralización, como la gestión de la política social, de vivienda, de la gestión ambiental y el acondicionamiento del territorio.
Proponemos un cambio
institucional de fondo para gobernar el territorio de Lima desde una
autoridad regional real y con liderazgo de la alcaldía metropolitana,
la base para un Buen Gobierno. Planteamos que Lima tenga una verdadera
asamblea con representación territorial de los diversos espacios de la
población, y que el gobierno municipal tenga n un régimen económico y
funciones adecuadas para enfrentar los principales ámbitos de la vida
de los limeños: seguridad ciudadana, servicios de transporte, agua y
saneamiento, planificación urbana y manejo ambiental.
Esta
propuesta es consistente con nuestros profundos principios
descentralistas que buscan una mejor y más adecuada representación de
todos los peruanos y peruanas, en forma de una mayor cercanía entre los
administrados y los espacios donde se toman las decisiones que a la
gente le interesan. Si Lima se puede representar mejor, también lo hará
buscando una mejor representación en los otros espacios regionales, y
buscará articular su propio desarrollo con el de las regiones con las
que interactúa.
En Fuerza Social estamos convencidos que esta es una tarea de largo plazo en la que debemos generar consensos con otras fuerzas políticas, sociales y económicas, tanto en el corto como largo plazo. Nada más lejos de nuestra visión que la de creer que tenemos la solución iluminada a todos los problemas que enfrentamos. En tal sentido, es eje central de nuestra propuesta programática la conformación de un Pacto para la Gobernabilidad de Lima que guíe las acciones y políticas de los partidos políticos que accedan al gobierno en las próximas administraciones. Es este Pacto el que quisiéramos ver puesto en práctica en las próximas dos décadas, y es en esa brega que participamos activa y democráticamente en las próximas elecciones municipales de nuestra ciudad.